![]() |
| Fiestas de San Juan 2026, Illueca. Fotografía de Candela Blasco |
Reflexiones al terminar las fiestas de San Juan en Illueca sobre el tiempo, el aprendizaje, las relaciones y los proyectos que comenzarán en septiembre.
Han terminado las fiestas de San Juan en Illueca. Con ellas se despide junio y, casi sin darnos cuenta, damos la bienvenida a un nuevo verano.
Estos días, mientras observaba a los jóvenes disfrutar de las vaquillas, compartir risas y vivir intensamente unos momentos que recordarán durante años, pensaba en algo que, quizá, con demasiada frecuencia olvidamos en nuestra vida profesional y personal: la importancia del tiempo compartido y de la calidad de nuestras relaciones.
Vivimos en una sociedad marcada por las prisas, los objetivos, la inmediatez y la productividad. Sin embargo, existen momentos, como las fiestas de nuestros pueblos, que nos recuerdan el valor de detenernos, conversar, encontrarnos y construir recuerdos junto a quienes forman parte de nuestra vida.
En el ámbito de la formación y del desarrollo de las personas, sabemos que el aprendizaje más significativo no siempre ocurre en un aula o en un entorno formal. Aprendemos también participando, conviviendo, observando y formando parte de una comunidad. Aprendemos sobre responsabilidad, compromiso, colaboración, liderazgo, convivencia y pertenencia.
Y mientras junio se despide y el verano comienza, no puedo evitar pensar también en los jóvenes que aparecen en esta imagen. Para muchos de ellos, este verano será un tiempo de descanso, de experiencias compartidas y de reflexión, pero también un periodo de preparación para los nuevos proyectos, estudios y retos profesionales que comenzarán en septiembre.
Quizá ahí resida una de las mayores enseñanzas que nos ofrecen nuestros pueblos: entender que el desarrollo personal y profesional no es una carrera constante, sino un camino en el que también son necesarios los espacios para parar, convivir, aprender y proyectar el futuro.
Las fiestas terminan, junio se marcha y el verano comienza. Y, tal vez, este sea un buen momento para recordar que invertir tiempo en las personas nunca es tiempo perdido.
Porque el futuro se construye, precisamente, en esos momentos que compartimos sin prisas.

