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| No hace falta saber cómo será el bosque para dejar que vuelva a crecer. |
Hay momentos
en los que sabemos que queremos avanzar, pero no sabemos exactamente hacia
dónde.
No sabemos
qué va a pasar.
No sabemos
si funcionará.
No sabemos
si merecerá la pena.
No sabemos
qué encontraremos al otro lado de ese paso que todavía no hemos dado.
Y convivir
con esa incertidumbre no siempre es fácil.
Hay personas que avanzan despacio, observando. Otras necesitan tener algunas certezas antes de moverse. Y hay quienes, cuando no saben qué va a pasar, prefieren no dar el paso.
No porque no
quieran.
Sino porque
tienen miedo.
Miedo a equivocarse. A perder. A gastar energía en algo que quizá no funcione. A abrir una puerta y descubrir que detrás no estaba lo que esperaban.
Y entonces
dejamos para otro momento una conversación.
No conocemos
un poco más a alguien.
No
presentamos aquella idea.
No hacemos
esa llamada.
No empezamos
ese proyecto.
Esperamos a
tener más información, más seguridad, más garantías.
Pero hay
algo que quizá conviene recordar:
la certeza
absoluta casi nunca llega.
En los proyectos ocurre. En los pueblos ocurre. En las decisiones importantes ocurre. Y también en nuestras vidas:
orque avanzar
implica, muchas veces, aceptar que no podemos saberlo todo antes de empezar.
Quizá por eso las herramientas pueden ser importantes. No para eliminar la incertidumbre. Eso no está en nuestras manos. Sino para aprender a movernos dentro de ella.
Una herramienta puede ayudarnos a ordenar lo que sabemos. A distinguir lo que depende de nosotros de lo que no. A poner nombre a lo que nos preocupa. A identificar qué necesitamos. A encontrar un primer paso cuando el camino completo todavía no se ve. Porque quizá no necesitamos saber exactamente qué va a pasar.
Quizá
necesitamos preguntarnos:
¿qué puedo
hacer con lo que sé hoy?
No siempre
podemos controlar el resultado.
Pero sí
podemos decidir qué hacemos con la incertidumbre.
Podemos
quedarnos quietos esperando certezas.
O podemos
avanzar despacio, aceptando que algunas respuestas solo aparecen cuando
empezamos a caminar.
Y quizá ahí
esté una de las cosas que más nos interesan de las herramientas:
no nos
prometen certezas.
Nos ayudan a
tomar mejores decisiones cuando no las tenemos.
🌱 TE PROPONEMOS PROBARLO ESTA SEMANA
Piensa en
algo que llevas tiempo posponiendo.
Un proyecto.
Una
conversación.
Una
decisión.
Una idea.
Incluso algo
que tiene que ver con alguien a quien todavía no conoces lo suficiente.
Y
pregúntate:
¿Qué me está
frenando realmente?
¿Me falta
información?
¿Me falta
tiempo?
¿Me falta un
recurso?
¿O estoy
esperando sentirme completamente seguro/a antes de dar un paso que, por
definición, tiene algo de incertidumbre?
No hace
falta resolverlo todo hoy.
Quizá solo
hace falta dar un pequeño paso.
Una llamada.
Una
pregunta.
Una
conversación.
Una prueba.
Un intento.
Porque
avanzar no siempre consiste en dejar de tener miedo.
A veces
consiste simplemente en no dejar que el miedo decida por nosotros.
Y eso
también es una forma de trabajar.
Y de vivir.
Y de
caminar.


